Columna Golpe de Realidad: ¨Los corruptos somos muchos¨

Rodrigo Hernández Mijares

Para Lindero Norte.

Mexicali.- Hablemos de corrupción. A todos nos afecta. Nos cuesta mucho dinero. Genera miseria y dolor. Es lo que tiene sumido a nuestro país en el subdesarrollo. Nos provoca frustración y enojo. Obstruye la justicia. Pero en estas líneas no quiero hablar de la corrupción de los altos funcionarios, de los mandos en los gobiernos ni de los partidos políticos. Hoy quiero hablar de la corrupción que a muchos les da miedo mencionar. La extensiva corrupción de los mexicanos. De nosotros mismos.

Es momento de aceptar que México está enfermo desde la base. Desde su gente en lo general, no hablo en absolutos, por supuesto que no hablo de todas las personas. Pero existe una gran admisión por romper las reglas y continuar en un sistema de desorden y atraso. Eso incluso le provoca beneplácito y orgullo a muchos mexicanos. Hay quienes presumen a viva voz que somos el país del que no tranza no avanza.

Y antes de atacar la corrupción de partidos, procuradurías y policías hay que decirlo: los mexicanos estamos acostumbrados a violar tanto la ley como las normas de conducta necesarias en una sociedad sana. Muchas veces se rompen sin intención, por ignorancia o por error. Otras flagrantemente y con dolo. Pero nuestro problema viene desde abajo.

Solo observemos a la gente de nuestra ciudad. Pasa un día en Mexicali mirando con más detalle. Cuánta gente se está pasando los altos. Cuánta basura ves tirada. Observa cuántos carros están estacionados sobre las banquetas. Cuántos perros sueltos o paseando sin correa. Fíjate en tanto conductor que anda hablando por celular o texteando.

Como caso de estudio podemos observar con detenimiento cómo nos hemos hecho los conductores mexicalenses, cómo se reflejan nuestros valores. Mira cuántos infringen el reglamento de tránsito andando a exceso de velocidad, estacionándose mal, no cediendo el paso al peatón o al conductor en turno, volándose el semáforo en rojo, dando vueltas prohibidas, estacionándose en zonas restringidas y para discapacitados, obstruyendo carriles, no utilizando la direccional. En fin, sólo en materia de tránsito somos un desmadre.

¿Ya los identificaste? ¿Ya te diste cuenta de qué tan fácil y común se nos hace romper las normas de convivencia más básicas? Ahora imagina a una de esas personas indolentes de las reglas más básicas, con un cargo político. Claro que van a abusar de él, claro que van a robar y lastimar las finanzas públicas. O puesto de otra forma, esperamos santidad y perfección de nuestros representantes públicos, cuando están representando a un público que tampoco es del todo recto.

Cada día veo cómo los mismos mexicalenses hacemos que nuestra convivencia diaria sea una batalla. Se ha degradado mucho el espíritu cívico y la ciudad la estamos volviendo más hostil, menos habitable, infeliz. Sobran los malos vecinos que sueltan a sus mascotas que nos dejan excremento en las aceras y riegan la basura tirando botes y rompiendo bolsas. A muchos nos han tapado nuestras cocheras, o impedido dormir con la banda berreando en la fiesta hasta las 5 de la mañana.

¿Qué ganas de salir a la calle a pelear con nuestra propia ciudad? Salir y estarnos cuidando de otros conductores; de hacernos a gritos o estar dispuestos a bajarnos a los golpes por un asunto de tránsito. Pensaría que a la mayoría nos gustaría tener una ciudad más amable con mayor calidad de vida. ¿No queremos eso? En cambio parece que cada día amamos menos a Mexicali.

También la corrupción se enseña en casa. Se pasa dentro de la familia. Hay casos de conocidos que manejan fondos públicos y los ofrecen por un porcentaje. Pero ya se hizo familiar el asunto, donde el veterano mete al pariente joven a otra dependencia y hacen lo mismo metiendo mano a diferentes bolsas públicas.

O en la empresa, los negocios familiares donde se enseña a los juniors a seguir aprovechando conexiones políticas, haciendo tratos con el gobierno, realizando obra pública por moches. En fin. Para que un funcionario obtenga una mordida o entregue un contrato, tiene que haber un ciudadano o empresario dispuesto a participar en el acto. La ecuación de la corrupción no se compone sólo de autoridades. También van ahí los ciudadanos y empresarios mexicanos.

Las mordidas a los agentes de tránsito no se dan solas. Los moches por obra o servicios públicos no se pagan solos. Las plazas del sistema educativo las compran personas como tú y como yo. Las licencias ambientales, de construcción y otras también cuestan y hay civiles pagando por ellas. Los casos de corrupción sobran, justamente porque sobran los corruptos. No son solo unos cuantos. El problema es muy grande. Es de hombres y mujeres, jóvenes y viejos. No sólo de un pequeño grupo.

A nuestra ciudad Mexicali, y a nuestro país en general le falta orden. Le falta limpieza. Le falta puntualidad y cumplimiento de las reglas más básicas para poder salir a la calle con tranquilidad y llevar una buena vida.

Eso ya está legislado. Ya existen los reglamentos. Vivimos inundados en un mar de leyes que ni conocemos ni cumplimos. Al país le sobran ordenanzas, decretos y estatutos. Lo que le falta son mejores ciudadanos. Eso no lo puede mandar ningún presidente, ningún Congreso, y francamente ninguna fe o iglesia sucia como las que tenemos.

Y esa es nuestra tarea. Hay que comenzar hoy. Y no dejarnos arrastrar por los desvalores y malas costumbres que tenemos. Es dejar de seguir el mal ejemplo del que tira la envoltura de los chicharrones a la calle o el vasito de elote. Hay que aprender a caminar y darnos cuenta que no se nos van a caer las piernas por dejar el carro bien estacionado un poco más lejos, sin tapar el garaje del vecino de enfrente. Que no exista el ¨nada más es tantito¨. Tu prisa es tu problema, no el mío. Te pido que empieces por hacer bien tu alto en la esquina, que yo respetaré tu turno y te cederé el paso. Gracias vecino.

*El autor es Internacionalista por el ITESM, Campus Monterrey. Especialista en Administración Pública y Políticas Públicas por la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM, Campus Monterrey. Especialista en Estudios Coreanos por la Universidad Yonsei, República de Corea. Es microcervecero cachanilla.

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