Columna Golpe de Realidad: ¨Nuestro gobierno es un Programa de Empleos ¨

Rodrigo Hernández Mijares

Para Lindero Norte.

El gobierno mexicano es un programa de empleos. Seamos francos. En su conjunto funciona poco. Nos sirve mal. Como aparato es la más enorme red de saqueo, empobrecimiento y robo del país. Por eso cada vez crecen más las burocracias. Por eso han quebrado por décadas nuestras las empresas públicas.

Es así que pueden aumentar las secretarías, órganos descentralizados, paraestatales, programas de desarrollo social, asociaciones público privadas, comités, fideicomisos y más, pero el Estado continúa siendo ineficiente e inútil para cumplir con sus primeras responsabilidades de proveer seguridad pública e impartir justicia.

En cambio los ciudadanos y agentes económicos debemos pagar por las autopistas, educación privada, seguridad privada, medicina e institución de salud privada, aseguranzas y una serie de servicios que son cobrados directamente o tasados fiscalmente, pero no provistos por el Estado.

Por eso las universidades públicas producen graduados de sobra con títulos inútiles y sin habilidades para la vida. Los titulan y los emplean metiéndolos a la nómina de universidades cada vez más costosas, menos útiles, cuanto más llenas de política en un ciclo vicioso de burocracia, corrupción, y despilfarro del dinero de los contribuyentes.

Lo mismo en muchos organismos descentralizados. Lo mismo en las policías. Lo mismo en el Poder Ejecutivo. Lo mismo en el Poder Judicial, que no procura no imparte justicia, no aplica la ley si el soborno es por la cantidad correcta para repartirse.

Los mexicanos estamos tan mal hechos al paternalismo que la dádiva ya es una exigencia. Que el trabajo es sólo para cumplir y eso lo vemos en que en la función pública existe una brecha tremenda entre los empleados de base y los de confianza (una aberración) que se necesitan cada cambio de una administración para poder hacer el trabajo.

Unos, los permanentes son una carga tremenda para el erario. En gran medida suelen ser una pésima inversión para el contribuyente que después de trabajar se ve robado de más del 40% de su ingreso. Y el otro, el empleado bajo contrato o de confianza, es un mal necesario, si queremos que medio funcione cualquier dependencia del Ejecutivo en cualquiera de sus tres niveles.

Por estas razones encontramos es un gran programa de empleo y no de representación popular ni prestación de servicios públicos. Es una tragedia nacional que casi 5 millones de personas trabajan para algún gobierno. Esto sin contar médicos, enfermeras, policías y maestros. Es decir, los trabajos más importantes que puede tener una función pública para el ciudadano común.

Peor aún. Los municipios, que deberían ser los más activos, los más cercanos y capaces de dar respuestas a las necesidades básicas de servicios públicos y convivencia para el ciudadano, son los que menos empleados tienen. Es decir, de esos 5 millones, menos de 1 millón son empleados municipales. Y por supuesto, los Ayuntamientos como el de nuestro Mexicali, recibe de regreso apenas 4% de lo que aporta el municipio en su conjunto, en contribuciones públicas cada año.

¿No te parece esto un robo?

Ahora, si sumamos a todos los proveedores y contratistas que trabajan o dependen del gobierno el cuadro es todavía más alarmante. La economía de un país subdesarrollado como el nuestro está detenida y controlada por el sector público. Muestra de la debilidad y atraso de la iniciativa privada, y del sector educación.

Es una verdadera tragedia que prácticamente 1 de cada 10 mexicanos trabajen para el gobierno de alguna u otra forma.

¿Y así creemos que terminará la corrupción? Por favor. Si no se resuelve esto nunca disminuiremos ni controlaremos la destructiva corrupción que nos come.

Opino que sería más justo y benéfico para crecer nuestra economía contar con un Impuesto al Valor Agregado que nunca exceda del 10%, y que los impuestos a nuestro trabajo, es decir sobre la Renta nunca excedan del 15% para personas o familias que no excedan de por lo menos $600,000 pesos de ingresos al año. Asimismo hay una serie de impuestos ridículos y tan tercermundistas como el Impuesto Sobre la Nómina (¡un impuesto por dar empleo!) cuando además se cobran las aportaciones sociales de los trabajadores, para servicios que muchos trabajadores ni quieren, y no usan.

Claro ejemplo de lo anterior es el pésimo sistema de Seguridad Social que tenemos. Donde muchos empleados y los mismos patrones envían al personal enfermo a un médico particular y se le compran las medicinas en farmacias de la iniciativa privada.

Podríamos mantener una fiscalización progresiva, pero en definitiva no debemos seguir sosteniendo un aparato de saqueo, que impide el ahorro de las familias mexicanas y paralizan la inversión de nuestras empresas.

*El autor es Internacionalista por el ITESM, Campus Monterrey. Especialista en Administración Pública y Políticas Públicas por la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM, Campus Monterrey. Especialista en Estudios Coreanos por la Universidad Yonsei, República de Corea. Es microcervecero cachanilla.

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