mar. Ago 20th, 2019

Columna Lindero Norte: Le dicen el Diablo

163516_519321861447279_2055918431_n1Antonio Heras

Busca ser gobernador de Baja California.

Polémico desde sus inicios como político fue dirigente estatal del PRI en mitad de la década de los noventa, luego de haber sido candidato a una diputación federal en Tijuana y delegado federal.

En este siglo se convirtió en legislador local y desde su curul le brindó gobernabilidad a Eugenio Elorduy, con quien mantenía una relación personal y se reunía en el condado de San Diego, California, para tomar acuerdos políticos, según fuentes del propio panismo.

Durante ese tiempo empezó a circular su sobrenombre, el cual compartía con un operador político Enrique Acosta Fregoso, un abogado que fue delegado federal, como lo es ahora, y dirigente estatal priista que capitalizó los documentos de la Contaduría Mayor de Hacienda que se abrió a una nueva mayoría en el Congreso local en lo que se denominó “La noche de las patadas”.

Después vino la escisión y la ruptura de acuerdos programáticos con el gobernador panista ante la candidatura de Jorge Hank, cuando el empresario empezó a interesarle la política. Como coordinador de campaña, el número uno del Grupo Caliente se convirtió en el alcalde de Tijuana y le quitó al PAN la jetatura de una presidencia municipal convertida en panista desde 1989 por donde pasaron personajes como Carlos Montejo, Héctor Osuna Jaime, Guadalupe Osuna Millán, Francisco Vega de Lamadrid y Jesús González Reyes.

En esa gestión, Fernando Castro Trenti fue secretario del ayuntamiento, se hizo compadre de Hank y en 2006 se postuló como candidato al Senado de la República, llevando en la suplencia a Alberto Murguía, también del Grupo Caliente.

Desde su curul senatorial se integró al grupo político de Manlio Fabio Beltrones Rivera, con quien inició una relación política que se mantiene hasta este 2013.

En 2007 ocupó la coordinación de la campaña de Hank Rhon al gobierno estatal para lo cual primero se trabajó en abrogar los artículos que impedían la postulación de representantes populares en funciones y hasta en tanto no concluyeran sus encomiendas constitucionales. Conocida como Ley Antichapulín, fue promovida por el propio Castro Trenti para contener a panistas que apenas ocupaban cargos de elección cuando ya estaban en otras campañas proselitistas. Antes de la jornada electoral, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación canceló dichos artículos para permitir la candidatura de Hank.

Al final de cuentas, Hank perdió la elección con Guadalupe Osuna que contaba con el apoyo de Francisco Blake y un bloque de panistas cachanillas encabezados por Elorduy quienes decían que era la personificación del mismísimo demonio.

Castro Trenti cargó no sólo con la derrota, sino con los señalamientos de los hankistas de haber negociado la gubernatura. Allí se fraguó una ruptura entre los compadres que permanece hasta la fecha y que se ahondó con lo que llamaron desplazamiento de la candidatura al senador en 2012 de María Elvia Amaya, considerada un fuerte capital político priista.

En el plano local estructuró un andamiaje en el Congreso del Estado, en el propio PRI y sus aliados, a través de Julio Felipe García, René Mendívil, Nancy Sánchez, Claudia Agatón y Eli Topete, entre otros, además de integrar a su primer círculo a Amador Rodríguez, Enrique Acosta, Guadalupe Gutiérrez, Javier Cital, Humberto López Barraza y Ariel Lizárraga.

imagesSu relación con Beltrones propició que después de su gestión en el Senado, donde presidió la Comisión de Telecomunicaciones, apareciera su nombre en la lista de candidatos plurinominales que trajo consigo una curul y más tarde la candidatura al gobierno estatal para dejar en el camino al propio Hank, Eduardo Martínez Palomera, Humberto Lepe, Carlos Bustamante, Francisco Pérez Tejada Padilla y Enrique Pelayo.

En su plataforma de lanzamiento logró que los sectores priistas se pronunciaran a su favor, así como personajes del Partido del Trabajo que acompañaron a Andrés Manuel López Obrador en su periplo por la Presidencia de la República, al PES que era aliado político del PAN y cuyo dirigente nacional es director de gobierno de Miguel Ángel Mancera en el Distrito Federal y a grupos del PRD en Tijuana y Mexicali, que provocó la reacción iracunda de “Los Chuchos” quienes tienen una alianza política con los panistas desde hace una década.

Los integrantes de su propio equipo lo califican de obesivo, de estar pendiente de cada una de las acciones y estrategias de campaña desde la madrugada, durante el día y hasta las reuniones nocturnas.

Sus detractores que no son pocos, ubicaron en redes sociales distintos mensajes que critican su trayectoria y su sobrenombre con la intención de descarrilar sus aspiraciones de ser el primer gobernador nacido en tierras bajacalifornianas y favorecer al panista Francisco Vega. Incluso, es blanco de promocionales donde conjuntan sus voces, imágenes y fobias los dirigentes nacionales del PAN y del PRD, un acto mediático inédito en el país, así como de los senadores Ruffo Appel, Ríos Píter y en breve Víctor Hermosillo.

Le dicen El Diablo, por algo será.

Piensan que no hay apodo que no haga daño y por eso machacan.

En descargo, el priista sostuvo que, en todo caso, se les aparecerá el diablo a los baquetones, trácalas y todos aquellos que se han servido de la política y la administración pública.

Usted, lector, tiene la última palabra.

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