Sáb. Oct 31st, 2020

Columna Palco de Prensa: Los rompimientos

kiko_vega_4Gilberto LAVENANT

El noviazgo, primero, y el matrimonio, después, sea entre parejas heterosexuales u homosexuales, que para el caso es lo mismo, es fabuloso. Arrumacos, caricias, palabras dulces, promesas, muchas promesas. Pero un día, algo ocurre, una infidelidad, una mentira, una promesa incumplida y el encanto se acaba y viene el rompimiento. Generalmente, sumamente doloroso.

Resulta absurdo, además de asombroso, que dos personas, que un día se juraron amor eterno, lleguen a odiarse en tal forma, que quisieran matarse. En algunos casos, ha habido quienes han llevado esos deseos criminales a la realidad. La felicidad termina en una tragedia.

Algo más o menos así, guardadas las proporciones, está ocurriendo entre el PRD y el PAN, en Baja California. Se aliaron para contender juntos por la gubernatura en julio pasado, llevando como candidato a Gobernador a Kiko Vega. Esto causó estupor o al menos sorpresa, pues ambos partidos se ubican en los extremos de la geometría política. El PRD a la izquierda, el PAN a la derecha. El PRD, popular, el PAN, proempresarial, capitalista.

Se les advirtió, que “el agua y el aceite, no se mezclan”. Que era aberrante lo que planteaban. Pero aunque en la práctica política, son acérrimos enemigos, aseguraron que les unía el propósito común de impedir el regreso del PRI al gobierno de Baja California. Y al final, lo lograron. Como dicen por ahí, se salieron con la suya.

El pacto o alianza, entre perredistas y panistas, no fue sencillo. Los perredistas reclamaron no solamente compartir candidaturas, sino también una amplia participación en el gobierno, en caso de lograr los triunfos. El propio Kiko, risueño que es, con ese carisma que parece que “no quiebra un plato”, aunque ya los tiene “todos rotos”, simplemente dijo que sí. Quizás diría, como todo político, que el prometer, no empobrece, o bien, que el prometer respecto a meras posibilidades, no tenía importancia.

Aunque había dudas, Kiko logró la gubernatura. A partir de entonces, cambió radicalmente su postura y su visión respecto a las circunstancias en que logró el triunfo electoral. Consideró que ganó, pese a los deseos y acciones en contra de los panistas que lidereaba su antecesor José Guadalupe Osuna Millán, por un lado, y Héctor Osuna Jaime, por el otro.

Solamente le dió crédito a aquellos que le acompañaron en el ayuntamiento de Tijuana, o a quienes se la jugaron con él, en la precampaña e incluso en la campaña, cuando todo era incertidumbre, especulaciones, titubeos, conjeturas. Y claro, a sus socios de negocios y a sus amigos o compañeros de juergas.

Pero a los aliados, los que junto con el PAN constituyeron la Alianza Unidos por Baja California, PRD, PEBC y PANAL, no les reconoció mérito alguno y, por lo tanto, no estaba dispuesto a invitarlos a la mesa, para que gobernaran junto con él. Esto fue más que evidente, cuando empezaron a surgir los nombres de quienes integrarían su gabinete.

Al Panal, representado por Arcelia Galarza, siendo integrante del sindicato de maestros, la designó en la dirección general del Colegio de Bachilleres, aparentemente afín o acorde a su perfil docente, pero que le resulta totalmente desconocido y ajeno, pues ella se ha desenvuelto en el magisterio federal y el COBACH es estatal.

Al designar como Secretario General de Gobierno, al Dr. Guillermo Trejo Dozal, supuestamente cubría la cuota del PRD. Pero no fue así, no lo designó por compromiso partidista, sino simple y sencillamente porque es su compa.

Al PRD, solamente le dió la representación del Instituto de la Vivienda, en Ensenada, con Francisco Javier Sánchez Corona, quien perdió la alcaldía de Ensenada. Así mismo, a José Luis Pérez Canchola, quien fracasó al contender por una diputación en Tijuana, de acuerdo con su perfil, al haber sido el primer Procurador de Derechos Humanos en la entidad, lo designó su asesor en derechos humanos. Los perredistas, lo consideran como una dádiva, como una aviaduría de consolación.

Pero eso no era lo que habían pactado, cuando decidieron ir en alianza en la contienda por la gubernatura. Los perredistas, más que chambas, pretendían la Secretaría de Desarrollo Social, que les permitiera realizar acciones y desarrollar programas, que trascendieran entre los bajacalifornianos. Kiko actuó, como los españoles con los indígenas mexicanos. Les ofreció a los perredistas “las perlas de la virgen” y simplemente les dió “cuentas de cristal”. Los chamaqueó, pues.

Esto provocó una seria fricción con los dirigentes perredistas del comité nacional, en el evento de toma de posesión, al que no asistieron, molestos porque Kiko se negó a rectificar y acceder a sus reclamos. El malestar lo reflejó el diputado Roberto Dávalos, cuando votó en contra de la designación del Secretario de Desarrollo Social, Ricardo Magaña. Ahí les echó en cara los incumplimientos de Kiko Vega. En lo que ha venido insistiendo cuantas veces estima pertinente.

Pero eso no es todo. Los perredistas están molestos, no solamente porque a ellos les regateó posiciones y simplemente les ofrecía chambas de bajo nivel, sino porque Kiko Vega, le dió mayor importancia al pacto que celebró con el empresario casinero, Jorge Hank Rhon, para descarrilar “la locomotora” del candidato priísta Fernando Castro Trenti.

En pago a esos “favores”, Kiko le regaló a Hank la Secretaría del Trabajo, para que los hankistas la manejen a su antojo. De paso, incrustró a uno de los hijos del mexiquense en el área de cultura.

Hasta ahora, ha habido un distanciamiento. Pronto, habrá un rompimiento formal de perredistas con Kiko Vega. De aliados, se convertirán en algo mucho más que una piedra en el zapato del gobernador panista. Le va a doler, y mucho. En fin, todos los rompimientos son dolorosos.  La “luna de miel”, duró menos de lo que se pensaba.

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