- julio 6, 2014
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Columna Sin Escalas: No necesito “nanas”
Eso le dije a dos prominentes panistas. Corría el año 2005 y la XVIII Legislatura apenas comenzaba cuando recibí una “amistosa” llamada en la que me invitaban a platicar y tomarnos un café. Llegaron dos grandes líderes panistas, ex colaboradores cercanos –muy cercanos- de la apenas concluyente primera alcaldía a cargo del ahora otra vez alcalde Jaime Díaz. Me saludaron con gran efusividad, ensalzando mi desempeño pero advirtiéndome que definitivamente necesitaba apoyo que ellos estaban totalmente dispuestos a dar.
Nosotros te diremos que temas tratar, con quien hacer equipo y con quien no, “es más” me exclamaron orgullosos: “te diremos hasta cuando ir o ausentarte en el pleno y en comisiones”. Muy conocedores de los andares políticos y partidistas me ofrecieron un coaching total. Nosotros negociaremos cuando vas, cuando no vas, cuando votas y el sentido de tu voto, “necesitas equipo”. Eran las frases con las que insistían y en las que basaban su gran ofrecimiento.
Sé que para muchas personas esto puede ser natural. Sé también que para muchos aún en estos tiempos la participación política de las mujeres “es una mal necesario”, es por eso que con más razón no se les puede dejar solas –así se piensa-.
La plática continuaba, era el mes de enero, y me compartían dolidos como su ex líder –el alcalde cantador- los había traicionado, el como “los cuartos” –así les llamaban ellos al grupo Palaco- estaban bien organizados y actuaban en corporativo con la correspondiente rentabilidad de acciones o favores; motivo por el cual ellos con “gran generosidad” no me dejarían sola y serían mis “managers” e incluso me promoverían para internas y externas subsecuentes.
Así transcurrió la conversación mientras mis oídos no daban crédito a lo que escuchaban. Tenía frente a mí la gran oportunidad de convertirme en monigote, de inutilizar mi voluntad, de convertirme en moneda de cambio, de ser embajadora plenipotenciaria de la nulidad y poder tener en mis manos la encomienda única de levantar el estandarte de “ser la cuota de alguien”, dando –en automático- la espalda a la ciudadanía que me había elegido.
Para ellos, la gran oportunidad ante mí. Para mí, una muestra de que me creían más insulsa de lo que puedo parecer. En el ir y devenir de la participación política de las mujeres me consta, que para muchas ha sido fácil obedecer ciegamente a cambio de ser fichas de ajedrez y llevarlas en los organigramas oficiales de un lugar a otro aun cuando no sepan nada. De agricultura a economía, de turismo a medios laborales, de asistencia social a educación, de curul local a federal y porque no, una regiduría, la todología pues; finalmente lo que sobra para las cuotas y los cuates son cuadritos en los organigramas.
Las “Juanitas” son una muestra fiel de lo que digo; “ahora pides licencia” así es el trato. Obediencia absoluta y carreras tanto prominentes como ascendentes. Mi respuesta fue que cada cosa en mi vida –mucho o poco- lo había logrado con muchísimo esfuerzo, por lo cual no estaba dispuesta a ceder mi voluntad a cambio de “fructíferas negociaciones”.
Como sociedad estamos acostumbrados a que si es mujer en la política, en la mayoría de los casos es “la hermana de”, “la esposa de”, “la socia de”, “la operadora de”, “la novia de” o en su caso, que sea “esa que va pasando” con tal de que no llegué “esa otra que se va perfilando”.
La actual reforma política que garantiza la paridad y el acceso de las mujeres al poder, representa el reto de verdaderos liderazgos que con preparación y compromiso hagan la diferencia por este país que bien lo necesita.
“No necesito nanas” fue mi respuesta. Coaching total o frío eran las alternativas, el desenlace ya lo conocen. Para reflexión las palabras de José Ingenieros “Y así como los pueblos sin dignidad son rebaños, los individuos sin ella son esclavos”.
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