dom. Sep 15th, 2019

Jaspuypaim: Los jamás bautizados

Doña Paula Mata Calles, indígena k 'mai de Juntas de Nejí, sostiene mazos de yerba santa usados para curar la tos, resfriados y ayudar a expulsar flemas. 1994.Por Carlos Ashida (*)

Roberto Córdova Leyva observa que cuando se habla de la presencia indígena en Baja California, se piensa más en los migrantes que en las comunidades nativas.

Con un dejo de ironía, recuerda que en la versión oficial de la historia que recibió de niño en la escuela, jamás fueron mencionadas las etnias regionales; como tampoco fueron tomadas en cuenta cuando –en uno de tantos esfuerzos por crear una escenografía “mexicana” acorde a las expectativas del turismo– la calle Revolución fue sembrada con reproducciones de esculturas prehispánicas hechas con fibra de vidrio. Pareciera que los pueblos yumanos nunca hubieran existido, o que se hubieran esfumado inadvertidamente hace mucho tiempo, antes de consumarse la inexorable desaparición cultural y física que se les ha augurado.

Intrigado por este proceso de extinción cultural y humana, Córdova Leyva empezó hace más de veinte años a frecuentar los aldeas y rancherías pa ipai de la región, en búsqueda de evidencias tangibles de la fase terminal por la que presuntamente transitan. Cuando la disponibilidad de tiempo y recursos económicos lo ha permitido, Córdova Leyva ha pasado temporadas en estas comunidades ancestrales, conviviendo con hombres y mujeres huraños por sistema con el forastero, hasta lograr su aceptación y confianza.

Con los años, Córdova Leyva ha reunido uno de los pocos, si no es que el único, registro fotográfico de la persistencia de tradiciones que, no obstante que presentan las huellas de la modernidad avasalladora, continúan dando cohesión a una comunidad que se resiste a desaparecer. La indiscutible importancia histórica, antropológica y estética que este cuerpo de fotografías posee, está cimentada en su genuina naturaleza testimonial. En su ensayo Ocultación y descubrimiento de Orozco, Octavio Paz afirma que las fotos y los reportajes son documentos pero no necesariamente testimonios. El verdadero testimonio, dice Paz, alía a la veracidad la comprensión a lo visto, lo vivido y lo revivido por la imaginación del artista. La comprensión nace de la simpatía moral, y se expresa de muchos modos:piedad, ironía, indignación. La comprensión es participación.

Ha sido gracias a su voluntad de participación que Córdova Leyva pudo atemperar su mirada, liberarla de ideas preconcebidas y de aproximaciones condescendientes o estetizantes. Enteramente libres de las ideologías que se desprenden de la corrección política y de otros discursos oportunistas, sus imágenes son verdaderamente testimonios. Las fotos que componen esta exposición está resultas con sobriedad; optan por un equilibrio justo entre forma y contenido que favorece un discurso articulado más en términos simbólicos que descriptivos.

No obstante que el desarrollo de este proyecto ha sido una suma de constantes replanteamientos de premisas y objetivos, Córdova Leyva ha alcanzado su objetivo original. Sin dramatismos, de manera respetuosa y empática, sus fotos recogen la precariedad cotidiana, la fatiga de los cuerpos, la evanescencia de los ritos: síntomas inequívocos de la vigencia de la condena que pende sobra la forma de vida de los pa ipai. En efecto, el comedimiento con que fueron realizados estos trabajos no oculta el drama subyacente.

Tanto en sentido literal como figurado, los miembros de estas comunidades dicen que las cercas crecen de noche. Esta frase resume con claridad el proceso de despojo y confinamiento de que son objeto. El blindaje de la frontera (que ha funcionado como un torniquete que impide el flujo sanguíneo entre el cuerpo continental y el brazo peninsular), las políticas estatales homogeneizadoras, la especulación inmobiliaria, el desarrollo turístico y la expansión de cultivos vinculados a la agroindustria, han ocasionado que el tejido humano de comunidades que dependen para su sobrevivencia de libre movilidad en grandes extensiones territoriales sufra de necrosis. Sin embargo, a pesar de todo, las fotos de Roberto Córdova Leyva atrapan también el halo de fortaleza que aún irradia el pueblo que, como un gesto de valiente resistencia, se autodenominó hace siglos como Jaspuypaim: Los jamás bautizados.

(*) curador de la exposición Roberto Córdova Leyva. Jaspuypaim: Los jamás bautizados

Indígena Pai pai observa detrás de una fogata el kuri kuri, danza tradicional, en la comunidad de Santa Catarina, B.C. 1994. Norma Meza Calles, indígena k 'mai de Juntas de Nejí Anexo, explica la geografía y mitos del cañón del Alamo, 2014 Paisaje natural de Nejí, al que los indígenas nativos le llaman labota. 2014

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