Columna Lindero Norte: Adefesio electoral

20160111_143848Antonio Heras
Cuando los partidos políticos promovieron la centralización de las decisiones electorales en la capital del país nunca se imaginaron que estaban creando otro monstruo.

Más allá de la extravagancia o fealdad, el adefesio actual desconoce el concepto de la ridiculez.

La estulticia y la sumisión la pinta de cuerpo entero como institución que alguna ocasión fue autónoma. No son los perfiles personales y profesionales de sus integrantes, sino del diseño de la institución.

Se habían desecho de ese cuneiforme esquema de la elección local de sus consejeros y funcionarios bajo el argumento de eliminar la posibilidad que los gobernantes y los grupos de poder metieran las manos en los institutos electorales.

Esas medidas se toman desde la Ciudad de México y se replica en las entidades como si se tratara de una regla general en todo el país.

Baja California era excepción.

No porque se mantuviera un organismo electoral independiente, sino porque la mayoría de funcionarios y consejeros los impuso Fernando Castro Trenti y su facción priista.

Pero también el PAN metió a sus allegados a Guadalupe Osuna y entre ambos partidos hicieron un mazacote difícil de entender.

El Instituto Electoral no sólo muto su nombre de federal a nacional sino que las decisiones trascendentales se toman desde las oficinas de Viaducto Tlalpan donde despacha Lorenzo Córdova, quien fue asesor de José Woldenberg y cuyo equipo de consejeros formaron parte de los consultores de consejeros y funcionarios electorales de esos tiempos.

A partir de lineamientos ejercen el poder de decidir desde perfiles de candidatos independientes hasta la definición de partidos participantes. Siempre en consonancia con el Poder Judicial de la Federación que hizo de los tribunales locales una especie de satélites electorales.

Las primeras víctimas de este proceso son aquellos que pretenden ser candidatos independientes porque los requisitos están cuesta arriba pues parecen necesitar “una escalera grande y otra chiquita”.

Hasta donde se sabe, una docena podrían solicitar que se les reconozca el carácter de aspirantes a presidencias municipales.

Si cuentan con la asociación civil, una planilla para Cabildo y su documentación en orden se les brinda esta situación.

Estos personajes saldrán a las calles a buscar miles de ciudadanos para que les muestren su apoyo y anexen su credencial de elector en las cédulas.

Un caso sui géneris es Tijuana donde participarán al menos tres personas en la búsqueda de apoyo popular para convertirse en candidatos.

Cada uno de ellos requiere de 30 mil cédulas diferentes a los otros, de manera tal que al menos 90 mil tijuanenses estarían en posibilidad de apoyar estas propuestas.

En Ensenada cuatro personas solicitaron su registro como aspirantes pero cada uno está obligado a entregar casi 9 mil cédulas.

De hacerlo, se convertirían en candidatos.

De lo contrario veremos caras alegres en las oficinas de los propietarios locales de los partidos políticos.

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