“Yo bajé a todos los santos”: testigo  de saqueos por alza de gasolina

Antonio Heras

Nicolás Romero, Estado de México.- Corrimos, todos corrimos, cuando se oyó que se quebraban todos los vidrios de la tienda, gritos y llantos se escucharon.


Ellos, los otros, empezaron a llevarse todo lo que encontraban y se fueron hacia la salida atropellando a quien se le pusiera enfrente o a lo que le impidiera huir con su cargamento.

Es la historia de una sobreviviente de dos de los ataques sufridos en la primera semana de enero en un municipio del norte del Estado de México, so pretexto de un “descontento popular” contra el presidente Enrique Peña Nieto, sus reformas estructurales y su olvido institucional de disminuir tarifas de gasolina. “Nunca prometí que bajara la gasolina”, advirtió en la víspera de Año Nuevo cuando ya se empezaba a generar un descontento real en la mayoría de las entidades federativas mexicanas.

Ante los plantones, la toma de carreteras, de gasolineras y de conciencia social se impuso la violencia institucional mediante el saqueo y el vandalismo. Amantes del mismo amor: la impunidad y el clima de terror para que la población se guarezca en sus casas y se acallen las críticas y sometan las movilizaciones.

“Se sentía un ambiente muy pesado. Cuando entré ya había gente, muchos jóvenes y mujeres, se me hizo extraño que se juntaran en el area de juguetes. Que raro!”

Narra Maribel, quien acudió a la tienda de Chedraui en San Pedro, Estado de México, a buscar completar la lista de los Reyes Magos para sus hijos Brenda y Toño.

“El ambiente era así. Pesado, de violencia contenida. Se metieron “farderos”, comentaron los guardias y algunos de los compradores mientras pretextaban que buscaban algún artículo y los eludían. Ellos, los otros, esperaban algo, alguna seña, estaban inquietos como queriendo comprar pero en realidad estaban a punto de hacer de las suyas.

Esta mujer salió de su casa, rápido acaso una media hora disponía, y el olvido de comprar una recarga a su celular la ubicó en el epicentro de cinco minutos de montaje escénico que culminó con el arribo de soldados cuando ellos, los otros, había huido.

Se escucharon vidrios rotos, gritos, entonces mis dimos cuenta que no, que no se trataba de ladrones de ropa que la esconden en sus cuerpos y salen de las tiendas sin pagarla.

Empezó el saqueo, la gente corría hacia donde pudiera, entré en pánico, me dio miedo más cuando me di cuenta que al tratar de protegerme corrí hacia un pasillo que está por el área de electrónica.

Ahí fue peor, Ellos rompían los aparadores y salían por la zona de cajas. regresé y los guardias de seguridad resguardaban las bodegas, hasta ahí llegué corriendo, me metí, no estaba sola, éramos como 150, nos trataron de calmar pero todos gritábamos, entramos en shock, se apagaron luces. Después se fueron. Estaba angustiada porque no sabía qué pasaba con mis hijos que quedaron solos en la casa.

Salimos de la bodega y vimos todo destruido. Llegaron los soldados. Fui corriendo, apurada, al fraccionamiento donde vivo, justo frente al Chedraui, pero no dejaban entrar ni salir. Mi teléfono estaba sin datos.

Al llegar a la casa abrazó a sus hijos y poco a poco empezaron a entrar los mensajes de texto en su teléfono con la advertencia que se convirtió en invitación: productos gratis en Chedraui Nicolás Romero. Ya basta. Fuera Peña.

Al día siguiente, el miércoles 4 de enero, tuvo un segundo desencuentro con su destino. Cerrado el Chedraui tuvo que ir a Atizapán para comprar en la Bodega Aurrerá y pasó lo mismo.

Otras vez jóvenes envilecidos y contratados por quién sabe quién saquearon la tienda mientras lanzaban consignas de descontento por el alza de la gasolina.

Todo está cerrado, compré en una tienda unas latas de atún, pan y huevos, con eso nos la vamos a pasar hasta que termine esto, comenta al tiempo de susurrar que al inicio les pagaban a esos muchachos 800 pesos pero que desde el segundo día su cuota subió a mil pesos más la mercancía saqueada.

Cuando recuerda que entrarían en pavor y los niños en pánico, Maribel advierte que ellos, los otros, parecía que “entraban como a un panal. Yo bajé a todos los santos…”

Esa fue su protección.

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