Columna Lindero Norte: Congreso de BC inútil como Torre de Babel

Antonio Heras

La idea de contar con un Congreso de Baja California de gran aliento, de calado amplio y de nivel se desfondó desde los primeros días de septiembre de 2016 cuando nuestros diputados tomaron posesión.

Como órgano colegiado es un cero a la izquierda pues sus acuerdos y leyes han sido superadas por la realidad y circunstancias.

El poder político bajacaliforniano y su clase política nunca leyeron que la única oposición real, fuera de componendas, es la de los ciudadanos.

Al menos en papel hay en el congreso local experiencia de sobra en la cosa pública. Hay personajes con experiencia como diputados federales y locales, dirigentes de partidos políticos, regidores, secretarios de ayuntamientos, servidores públicos, delegados federales, dirigentes sociales y sindicales, políticos de carrera y hasta conductores de programas de entretenimiento y asistencia social en radio y televisión.

De los 25 legisladores no se hace una tercia. En la estulticia hay equidad de género.

Las prácticas parlamentarias cada vez son más opacas y desaseadas, los acuerdos responden a la sujeción al Poder Ejecutivo donde el subsecretario Ruben Armenta se las sabe de todas en la operación política.

El PAN no sabe que hacer con su mayoría simple, más que imponer una nómina legislativa. Sumó a su lista de empleados a quienes han fracasado en otras administraciones públicas.

El diseño de operación política se estrelló en la impericia de sus “líderes” pues ni acordó alianza programática con el PRI ni tejió mayoría calificada con los partidos emergentes. La caída de la coordinación de la bancada se la debe Carlos Torres se la debe a los panistas de Tijuana y a la dirigencia local, además a la soberbia característica que lo ha significado en sus derrotas políticas.

La incapacidad de Raúl Castañeda Pomposo en el manejo de la primera mesa directiva fue evidente pues demostró que la operación callejera electoral nada tiene que ver con los trabajos legislativos y nadie lo pudo salvar, ni siquiera el señor Sota.

En cinco meses de labores legislativas la presión popular de la sociedad civil, sobre todo de la clase media, y de asociaciones civiles les espetaron el primer golpe en la historia política de Baja California: abrogar una ley que duró apenas un mes por la decisión gubernamental de privatizar el agua.

También se vieron obligados a eliminar el fuero constitucional, aunque pretendieron consumarla con un logro propio.
Ahora con otro panista en la presidencia camaral enfrentarán la idea ciudadana de eliminar la Ley de Asociaciones Públicas Privadas.

El Congreso se convirtió en otro “jueves de la fruta y la verdura”, como hace varias legislaturas le denominaron coloquialmente a las sesiones: interpelan a los diputados, les invaden espacio soberano, se les olvidan los recesos para reordenarse el cuadro, se pierde el quórum y a nadie le importa.
Es una Torre de Babel.

Los legisladores construyen su propio edificio de estulticia para ganar el cielo, labrando confusiones y en medio de odio y confrontaciones.
Lo único cierto en esta incertidumbre es que poseen una curul del reino de Babia y algunos de Babilonia.

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