Vie. Abr 10th, 2020

La marcha y paro es de ellas. Nosotros, a callar y aprender

*Columna #LinderoNorte


Jorge Heras / Lindero Norte
Mexicali.- La violencia a la mujer es silente porque así nos conviene mantenerla como sociedad, es una espiral que está latente a la vista de todos, solamente los ciegos, testarudos y borrachos de machismo no lo ven, pues como periodistas lo hemos retratado, narrado y expuesto; nadie puede decir que no está enterado que en Baja California se denuncian diariamente 6 agresiones sexuales a mujeres y que, en promedio, se asesina cada dos días a una mujer, en las cuales el 80 por ciento son por razón de género aunque la autoridad no lo quiere reconocer.

Este domingo 8 y lunes 9 de marzo nos toca callar, ver y aprender como las mujeres organizadas demandan seguridad, exigen respeto y que no se violente la constitución y leyes para que realmente tengan acceso a una vida libre de violencia.

A pesar de las voces en contra y de los movimientos estériles del propio género femenino por seguir estando bajo el yugo de la violencia machista y del statos quo, esta nueva colectividad de mujeres nos están reeducando ante nuestra resistencia de mantener este dominio social.

A pesar de que históricamente nos hemos visto favorecidos (somos tan testarudos que hasta cuestionamos esto), ahora también los hombres queremos que nos tomen en cuenta en una protesta de mujeres. Señores, no es un movimiento social heterogéneo, es homogéneo de un solo género en contra de la violencia que genera el otro género. Apoco nos lo tienen que explicar con manzanas y palitos. Esto trasciende de ser un acto feminista que exige un real trato igualitario entre hombre y mujer , pues se convirtió en un acto humano, ya que sin ser una lucha de géneros, ellas está protestando por el maltrato del otro género. Están protestando por la violencia que viven día a día.

Es un movimiento de ellas y ellas ponen las reglas. Hasta los y las periodistas cuestionaron por qué los colectivos por fin se organizaron ( lo que no hicieron otros movimientos y por eso fracasaron). Ellas nos pidieron que la marcha sea cubierta por mujeres reporteras, que no les tomemos foto al rostro de aquellas personas que no quieren ser fotografiadas, que nos mantengamos distantes portando nuestro gafete y que si nos queremos sumar a la marcha nos vayamos hasta el final del contingente. A todas estas condicionantes respingamos como divas de la información, cuando simplemente se trata de protocolos de protesta, algo que se hace en todo el mundo y que por vez primera los colectivos feministas lo adoptan.
Lo aceptamos cuando las corporaciones policíacas nos lo piden. En el momento en que viene el Estado Mayor Presidencial a meternos a un corralito también lo hacemos, incluso también nos ajustamos a las reglas en un evento de espectáculo o deportivo en el que nos fijan protocolos de operación al ejercicio periodístico. Pero, acá como se trata de mujeres organizadas exigiendo respeto y no estigmatización a la protesta femenina, nos montamos en un estado colérico apelando nuestra libertad de expresión. Hasta mujeres periodistas armaron tremendo alboroto porque aseguran que NADIE nos va a decir como tenemos que hacer nuestro trabajo. Totalmente irrisorio.

Hoy, nos toca recibir sin protestar, realmente estamos obligados a entender su manifestación sin falsos apoyos, pues no están pidiendo apapachos ni nuestra autorización para manifestarse, estamos obligados a respetar su espacio y sus formas sin opiniones fuera del pensamiento colectivo impuesto, así como ellas históricamente lo han hecho. Nos toca asumir nuevas masculinidades desde la casa hasta en la escuela y el trabajo. Se trata de una deconstrucción, de la reeducación del género masculino. Asumir nuevos roles en el hogar, ponernos del otro lado de la mesa, dejar que el control lo lleven ellas, porque solamente con este tipo de protestas, incluso con las más radicales, comenzamos a percibir y cuestionar los micromachismos, (y macros), que antes pasaban por alto porque los teníamos muy normalizados.

Hombres, les propongo que si realmente no comprendes que debemos darle un giro a esto, te cuestiones las situaciones cotidianas donde se hace uso o se disfruta del privilegio de ser hombre dentro de la sociedad. Por favor, no metan la estupidez del «masculinicidio» o que el servicio militar es únicamente para hombres (ni es obligatorio ni todos los hombre cumplen con marchar), o que en los divorcios las mujeres se ven favorecidas (cuando gran parte de los conflictos jurídicos en los juzgados de lo familiar es porque los hombres no pagan la pensión alimenticia) y que también las mujeres matan como las «poquianchis» y «la mata viejitas» (cuando de los 12 mil 200 presos que hay en las cárceles de Baja California, únicamente 600 reclusos son mujeres).

Actitudes y argumentos tan infantiles, falsos y poco serios se caen por su propio peso. Un ejemplo más de nuestra imposición y cómo nos aferramos a no perder el privilegio de ser hombres en esta sociedad.

No es moda ni políticamente correcto apostarle a nuevas masculinidades, hace 2 años, en un día como hoy un articulista español aseveraba lo siguiente: «hoy nos toca el segundo plano, responder en la sombra con nuestros actos silenciosos, respetar, leer y reflexionar qué quieren, qué les molesta, qué les indigna, qué desean tomar luego tras la dura jornada de huelga. Nos toca dejarnos el alma para saber lo que es mejor para ellas porque también será lo mejor para el resto… así lo han hecho ellas siempre».

Para llevarlos más a esta reflexión colectiva les digo que hoy nos toca sentarnos alejados de la cabecera de la mesa, pues ahora nos toca visibilizarnos en un segundo plano de la jerarquía familiar, en los sueldos, en el lenguaje, en los puestos de gobierno (sí, tenemos una alcaldesa en Mexicali, pero es la primera en más de 100 años), en los reconocimientos, en la seguridad pública, en la rectoría de la UABC, en el sacrificio de atender a la familia y a los hijos primero antes que nuestro desarrollo profesional y personal.


Hoy debemos analizar lo que es sentir miedo, sentirnos violentados, pues nos toca aprender a sufrir lo que la mayoría de las mujeres han vivido siempre: no tener acceso a una vida libre de violencia. Pongamos un gas pimienta o teaser en la bolsa del pantalón como lo hacen ellas. Ponernos el pantalón más holgado y la camiseta más grande para que nadie nos chifle, lance una mirada lasciva o nos toque sin nuestro consentimiento.

Porque el macho es el género del animal irracional, incluso el machismo generó un hembrismo que no es otra cosa que ser irracionales; pero, ojo, el machismo” y “hembrismo” nunca pueden ser simétricos como se pretende con el uso de esta palabra. «Mientras que el machismo ha formado una corriente real, activa y agresiva, el hembrismo es sólo teórico.

Adjunto lo que en su momento escribió un periodista ibérico: «Hoy nos toca reconocer que somos machistas por educación, por imposición y por pereza. Que solo escuchando, observando y midiendo día a día todos nuestros actos podemos corregir una actitud congénita y socialmente asimilada. El primer paso para acabar con los machistas es reconocernos entre ellos».

Finalizó destruyendo el más infantil de los argumentos en contra de la marcha y el paro. Hay quienes aseguran que con estas protestas no se van a reducir los feminicidios ( aunque no entienden lo que significa, ni las cifras ni la oposición del gobierno para mencionar siquiera ese delito). Tienen razón, el miércoles 10 de marzo no vamos amanecer más seguros, ni nos sentiremos liberados, pero sí estoy seguro que será el inicio de algo. Desde el 2012 se incluyó el feminicidio en el Código Penal, tuvieron que venir muertes de mujeres por razón de genero y diputadas combativas para que se ampliaran las causales del feminicidio, por lo que fue hasta abril del 2015 en Tijuana que se tipificó el primer feminicidio. Después organizaciones de la sociedad civil lograron visibilizar que ocupabamos una alerta de género, por lo que se obligó a autoridades a que todos los homicidios de mujeres se investigaran bajo el protocolo de feminicidio. Y a través de marchas y presión mediática se logró quitar del lenguaje de autoridades de procuración de justicia y del mismo gobernador que aseveraran que la mayoría de los asesinatos en Mexicali eran crímenes pasionales.

Con marchas y protestas se han generado grandes avances, solamente que han sido silentes como la violencia a la mujeres.

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