- abril 11, 2023
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Viudas y duelo por Covid19 en BC: Acompañamiento, clave en el duelo
Antonio Heras / Lindero Norte
La tanatóloga Silvia L. Vargas advierte sobre el tratamiento profesional a quienes perdieron a algún familiar, entre ellas a mujeres que quedaron viudas, donde la clave es el acompañamiento porque su duelo lo vivieron a solas y en soledad, si de por sí una pérdida es dolorosa con la pandemia no estábamos preparados y los procesos fueron más difíciles.
“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional, entenderlo es lo difícil; cayeron en shock, en negación y hasta depresión que puede convertirse en patológico al encontrarse con algo repentino, desconocido, y están obligadas a enfrentar su realidad y sus vidas con ausencias”, comenta en entrevista.
Un duelo jamás debe atravesarse en solitario porque es algo desconocido y no existen atajos; ellas se enfrentaron a las circunstancias, a ver de lejos a sus esposos, tener las dudas si eran ellos por el rostro hinchado, demacrado, porque estaban envueltos o en cajas cerradas. Fueron casos extraordinarios. La
tanatóloga advierte que la pandemia se dio en China, se filtró a México, luego a Mexicali como primera ciudad en Baja California, después al vecino, a algún compañero de trabajo y luego en casa.
Las despedidas se dieron sin saber que era la última vez, no hubo preparación y fue como si te cortaran una parte del cuerpo.
Señala que mentalmente se es consciente de la pérdida de un ser querido, pero cómo se lo explicas a tu cuerpo, cómo conectas lo emocional con lo que sientes. Ahí está, se va a somatizar, ojalá hubiera esa conciencia porque se genera sufrimiento innecesario.
El duelo es un pantano, donde hay oscuridad, pero en el fondo hay un bosque, el mar, y se debe llegar ahí sin atajos porque a veces se cae en salidas, en laberintos, se cae en extremos como comer muchos, ir a casinos, en adicciones, otras relaciones, son extremos porque se trata de un desequilibrio porque algo falta y se piensa que se puede evadir pero se pierde el tiempo y se sufre de manera innecesaria”.
La clave, refrenda, es el acompañamiento durante el duelo porque dura entre un año y 18 meses.
Una incógnita el contagio de una muerte repentina: Priscila
Salió de la ciudad para trabajar, pero ya regresó enfermo, con el contagio en el cuerpo.
Priscila Zárate remite su experiencia a una semana de su vida, la más dolorosa, pues falleció su compañero. Una mañana, salió hacia La Paz, en Baja California Sur, como siempre lo hacía pues trabajaba en la Comisión Federal de Electricidad, pues era empleado en campo.
A su regreso a Mexicali ya traía el virus y a principios de junio de 2021 ingresó al centro hospitalario del Instituto Mexicano del Seguro Social para no salir más, jamás volvió a verlo. Los hospitales estaban cercados, había filtros y nadie podía entrar, sólo lo hacían quienes llevaban equipo especial, mientras afuera solo los veíamos entrar y mirábamos la puerta ante la posibilidad de que alguien saliera con algún anuncio de recuperación.
Primero acudió a la atención médica particular y cuando ocupó mayor atención se fue al Seguro Social. Se le hizo rara una llamada, era de Trabajo Social, el médico encargado de covid quería hablar con ella. “Era muy escasa la información, fui al hospital y me dieron la noticia que acababa de morir”
Sintió un dolor inmenso, una rabia con el mundo, no entendió por qué él si era fuerte y no tenía ninguna enfermedad crónica. “Se estaba yendo el hombre que amaba con todas mis fuerzas, se hizo un vacío pues no podía vivir sin él, aún lo tengo pues no lo puedo dejar de pensar, día a día. Me afectó tanto al grado de no querer saber nada de la vida y quererme morir, somaticé física y mentalmente”.
Me afectó mucho, sentí vacío, porque su muerte fue repentina, no a causa de una enfermedad en la que pudimos saber el desenlace, me agarró de improviso y pensé “qué voy a hacer” porque dependía económicamente de él, “ahora qué procede”, pues a enfrentarme a la vida sola.
“Fue un vacío grande, emocional y económico que se mantiene a pesar del tiempo”, reconoce al tiempo de afirmar que extraña su presencia, la fuerza con la que la impulsaba a seguir adelante y su compañía.
Cuando escucha la palabra covid lo relaciona con él y con la muerte, con la tristeza, la incertidumbre, porque nunca imaginamos hasta dónde llegaríamos con esta enfermedad, también con miedo más que nada porque aún tengo a mi madre, hijos, hermanos, a más seres queridos.
El 9 de junio de 2021, Rigoberto murió en el Hospital Regional 30 del IMSS. “El contagio siempre será una incógnita, nos cuidábamos mucho, desconozco de dónde pudo llegar el contagio”, señala su viuda.
Asegura que todavía no sale de ese sentimiento y que es difícil, muy duro, vivir la realidad, saber que está sola y no se puede acostumbrar a que él no va a regresar. “¿Qué hago? Aprendo a vivir con este dolor y pido fuerzas para tener una vida sana y bonita hasta mis últimos días”, acota.
